La vida a bordo del Brilliance of the Seas

9/11/2012 12:43:00 p. m.

No sé qué me pasó, pero apenas subí a bordo de el BRILLIANCE OF THE SEAS, de Royal Caribbean sufrí una transformación, y todo me parecía fantástico. Quité el ojo crítico, el ojo irónico que ve los Cruceros como la antítesis del viaje de los "Viajeros Intrépidos y Aventureros" y me volqué a disfrutar de la experiencia.

Era la primera vez que hacía un viaje de este tipo y por ende no puedo comparar, por lo cual apenas nos pusimos a recorrer el barco con la fascinación de un niño, todo nos parecía bien. El primer vacío en el estómago me lo produjo el vértigo de los  ascensores  acristalados que suben y bajan mirando al mar. A partir de ahí me quedó la impronta de disfrutar de las desproporciones a escala humana y geográfica que te brinda esta bestia flotante y que me ha brindado las imágenes más bella que me llevo de la experiencia.

Stavanger desde la cubierta
El Crucero desde un barrio de Stavanger





Lo primero evidentemente era para mí ir a ver la piscina, la zona de relax por antonomasia , y cual fue mi grata sorpresa que me encuentro que en la planta 11ª había 2 piscinas, una abierta, y otra techada , ambas con jacuzzis redonditos, con agua a 38º.
La piscina cubierta

El Jacuzzi de la piscina cubierta


 Uno de mis grandes temores del crucero era que no habría manera de encontrar tumbonas libres para tirarte luego de darte un baño, y sin embargo, a pesar de los 2100 pasajeros a bordo del BRILLIANCE siempre tuve a mi disposición un sitio agradable donde sentarme a ver el mar, o el sol en los pocos días que brilló en el Mar del Norte. Imagino que los barcos que hacen las rutas del Mediterráneo en agosto irán mucho más llenos de gente ansiosa de tumbonas, y de sitio en el Jacuzzi. Sin embargo , en un destino como los Fiordos Noruegos, el pasaje no era el sol precisamente lo que buscaba y mucho menos el agua. En este caso eran los niños los que sufrían, ya que los menores de 16 años están prohibidos en las piscina cubierta, y dado el mal tiempo, eran siempre los padres españoles e italianos los que intentaban saltarse la norma.

Luego tocaba indagar otro asunto fundamental a la hora de pasarte 7 días arriba de un barco con pensión completa y era el tema de la comida. Como habíamos hecho el check in temprano, y el barco partía a las 17, éramos pocos los que estábamos uzmeando en el comedor para ver con qué nos iba a sorprender Royal Caribbean. A la puerta del comedor, otra vez damos con una amable señorita que nos invitaba a meter las manos debajo del expendedor de jabón desinfectante, me quedó claro que las manos deben ser transmisoras de virus, infecciones y otros bichitos, porque esta empresa tiene como una obsesión la limpieza de los pasamanos, aparte del resto, claro está.

El comedor al aire libre de la Popa

Un frugal almuerzo antes de caminar por Stavanger


Así fue que con las manos limpias entramos en el Windjamer (como se llama el comedor de la planta 11) que tenía una prolongación con mesas al aire libre en la popa que estaba muy bien, y que como casi siempre hacía fresquito,era poca la gente que se sentaba allí, lo que nos permitió tener nuestros mejores momentos "Chill Out" desayunando, comiendo, o simplemente tomándonos un café con una tarta. Porque si hay algo que estaba estupendo en este barco eran los dulces y la pastelería. En helados, en cambio, les falta un toque de un maestro italiano. Pero lo suplantaban con ese sucedáneo que es el yogurt helado que engorda menos. Supongo que a la hora de querer buenos helados será mejor tomarte un Costa Cruceros, pero corres el riesgo de dar con un "Capitano" como Schettino, y hundirte. (Es broma).


La comida de este comedor era muy buena y variada, y estaba abierto a todas horas practicamente, tratando de contemplar los horarios de la cantidad de nacionalidades que había entre el pasaje. Ahora tocaría escribir un tratado con el tema de las bebidas a bordo, lo que haría este relato bastante aburrido, y yo simplemente apuntaría que mi agente de viajes no me informó bien, que nos compramos 2 paquetes de bebidas de agua, y gaseosas por casi 60 US la semana, pensando que no te daban ni una gota de agua. En cambio en el comedor siempre tienes vasos llenos , e incluso una variedad de aguas saborizadas muy ricas.
Luego los precios de las bebidas alcohólicas son razonables (un Gin Tonic vale entre 5 y 7 U$), salvo las cervezas que comparadas con los precios que se pagan en España son caras.


Y para culminar con el capítulo de las comidas, del "Todo Incluído", a la hora de la cena te asignan un sitio en el comedor, en una mesa que haz de compartir al azar con quien te toque, y dado que nos tocaron como contertulios otras 4 parejas de españoles , suponemos que te asignan compañía en base a que hables la misma lengua. En este caso, se come a la carta, dos platos y postre, con una atención esmerádisima y diligente por parte del personal. El menú es bastante variado y muy elaborado, y a mí la comida me ha encantado. Siempre seguías manteniendo la opción de volver al Windjamer a comer con buffete libre y seguir engordando la barriguita, porque ese sistema es mortal para los que tenemos que cuidar el peso.



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2 comentarios

  1. Me gusta tu relato, me están dando ganas de un crucerito, aunque tenga que hacer dieta antes y después.

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  2. Bien contado lo que es un crucero. Invita a contratarlo.

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